miércoles, 16 de octubre de 2013

EL PROFESOR QUE ME DEJÓ HUELLA



El profesor que más me ha marcado en mi vida se llama Antonio Tomás Serrano, ya estaba en Bachillerato cuando lo conocí, era mi profesor de Física y Química (ambas especialidades) y aunque sólo estuvo dándome clases durante dos años, de verdad que no se qué sería de mí ahora si no hubiera tenido la suerte de conocerlo.


Por entonces ya había desarrollado mi gusto por las ciencias, en especial por la Física y Química que se daban como una sola asignatura, pero cuando él me dio clase lo vi claro: estudiaría Química en la universidad, sería una profesora tan buena como lo fue él, y al menos un alumno sentiría por mí esa admiración.

Las razones por las que le tengo un cariño especial y es mi modelo a seguir son muchas, pero citaré las que considero más relevantes. Antonio es un profesional: serio pero simpático, trabajador, responsable, comprometido, una persona que sigue formando y participando del mundo de la ciencia en congresos, contacto con la Universidad y publicaciones.

En las clases sabía llegarte y motivarte, pero también escuchaba lo que tenías que decir y aceptaba las nuevas ideas del alumnado. Poseía ese humor propio y correcto que te hace sonreír en una clase en un momento puntual, sin dejar que la clase se descontrolara o se perdiera el hilo de lo que decía.

Creaba él mismo los temarios que te hacía coger en forma de apuntes y los compaginaba con curiosas experiencias en clase o en casa referentes al tema que estudiábamos en ese momento. Además ponía a tu disposición montones de ejercicios para que cada uno trabajara a su ritmo y luego los corregía según las dudas que presentáramos.

No sólo se ocupaba del nivel medio de la clase, sino que nunca se olvidaba de la minoría rezagada o adelantada, siempre planteaba una serie de trabajos más o menos prácticos acompañados de un informe con los que subir nota para aquel que con su esfuerzo extra deseara aprobar o para aquel que quisiera sobresalir.

Yo fui parte de éste último grupo y uno de los trabajos que desarrollé con un compañero, un bingo atómico y digital, hoy día se sigue disfrutando con motivo de día de Santo Tomás de Aquino (28 de enero); al que muchos años asisto a ver como otros se divierten con mi idea.

Ese trabajo me introdujo en el mundo de las publicaciones (aunque fuera pequeñita) y me permitió asistir a un congreso de Química en Valencia para compartir con otros centros nuestra idea, siempre acompañada y apoyada por Antonio. ¿Alguien se hace entonces alguna idea de todo lo que ese hombre hizo por mí? No sólo me inculcó unos conocimientos, sino que me enseñó otra perspectiva totalmente distinta a la enseñanza, y eso que yo comencé con ese trabajo por diversión y algunas décimas más en la evaluación. Increíble, definitivamente increíble.

Él es prototipo de profesor que quiero ser, porque me sigue sirviendo de inspiración y me ha hecho alguien mejor. Sólo espero hacer las prácticas de enseñanza con él y poder devolverle algo haciéndole sentir orgulloso, pues soy fruto de su trabajo.



PROBLEMAS DURANTE LA ETAPA EN EL INSTITUTO

Como muchos otros antes que yo, tuve algunos problemas con compañeros que por su falta de seguridad y sus complejos me convirtieron en el objetivo de su resentimiento y odio, pero de esos problemas con apoyo de mi familia y aplomo, ya logré solventar yo solita. 



De lo que si me acuerdo es de las dificultades que se me presentaron en algunos temas de Física (Cinemática y Dinámica), en parte por la falta de capacidad espacial que poseo y que no me permitía entender muy bien el mundo de los vectores. Este problemilla fue solucionado precisamente con el profesor al que antes he descrito; él me regaló una serie de apuntes y ejercicios resueltos y explicados detalladamente de su propia mano y letra, y se comprometió a resolver mis dudas en los recreos.


Gracias a él conseguí a dominar esos temas e incluso llegaron a gustarme, de manera que luego cuando he explicado esos temas en clases particulares, he disfrutado con ello.

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