El
profesor que más me ha marcado en mi vida se llama Antonio Tomás Serrano, ya
estaba en Bachillerato cuando lo conocí, era mi profesor de Física y Química
(ambas especialidades) y aunque sólo estuvo dándome clases durante dos años, de
verdad que no se qué sería de mí ahora si no hubiera tenido la suerte de
conocerlo.
Por
entonces ya había desarrollado mi gusto por las ciencias, en especial por la
Física y Química que se daban como una sola asignatura, pero cuando él me dio
clase lo vi claro: estudiaría Química en la universidad, sería una profesora
tan buena como lo fue él, y al menos un alumno sentiría por mí esa admiración.
Las
razones por las que le tengo un cariño especial y es mi modelo a seguir son
muchas, pero citaré las que considero más relevantes. Antonio es un
profesional: serio pero simpático, trabajador, responsable, comprometido, una
persona que sigue formando y participando del mundo de la ciencia en congresos,
contacto con la Universidad y publicaciones.
En
las clases sabía llegarte y motivarte, pero también escuchaba lo que tenías que
decir y aceptaba las nuevas ideas del alumnado. Poseía ese humor propio y
correcto que te hace sonreír en una clase en un momento puntual, sin dejar que
la clase se descontrolara o se perdiera el hilo de lo que decía.
Creaba
él mismo los temarios que te hacía coger en forma de apuntes y los compaginaba
con curiosas experiencias en clase o en casa referentes al tema que
estudiábamos en ese momento. Además ponía a tu disposición montones de
ejercicios para que cada uno trabajara a su ritmo y luego los corregía según
las dudas que presentáramos.
No
sólo se ocupaba del nivel medio de la clase, sino que nunca se olvidaba de la
minoría rezagada o adelantada, siempre planteaba una serie de trabajos más o
menos prácticos acompañados de un informe con los que subir nota para aquel que
con su esfuerzo extra deseara aprobar o para aquel que quisiera sobresalir.
Yo
fui parte de éste último grupo y uno de los trabajos que desarrollé con un
compañero, un bingo atómico y digital, hoy día se sigue disfrutando con motivo
de día de Santo Tomás de Aquino (28 de enero); al que muchos años asisto a ver
como otros se divierten con mi idea.
Ese
trabajo me introdujo en el mundo de las publicaciones (aunque fuera pequeñita)
y me permitió asistir a un congreso de Química en Valencia para compartir con
otros centros nuestra idea, siempre acompañada y apoyada por Antonio. ¿Alguien
se hace entonces alguna idea de todo lo que ese hombre hizo por mí? No sólo me
inculcó unos conocimientos, sino que me enseñó otra perspectiva totalmente
distinta a la enseñanza, y eso que yo comencé con ese trabajo por diversión y
algunas décimas más en la evaluación. Increíble, definitivamente increíble.
Él
es prototipo de profesor que quiero ser, porque me sigue sirviendo de inspiración y me ha hecho alguien mejor.
Sólo espero hacer las prácticas de enseñanza con él y poder devolverle algo
haciéndole sentir orgulloso, pues soy fruto de su trabajo.
PROBLEMAS DURANTE LA ETAPA EN EL INSTITUTO
Como muchos otros antes que yo, tuve algunos
problemas con compañeros que por su falta de seguridad y sus complejos me
convirtieron en el objetivo de su resentimiento y odio, pero de esos problemas
con apoyo de mi familia y aplomo, ya logré solventar yo solita.
De lo que si me acuerdo es de las dificultades que
se me presentaron en algunos temas de Física (Cinemática y Dinámica), en parte
por la falta de capacidad espacial que poseo y que no me permitía entender muy
bien el mundo de los vectores. Este problemilla fue solucionado precisamente
con el profesor al que antes he descrito; él me regaló una serie de apuntes y
ejercicios resueltos y explicados detalladamente de su propia mano y letra, y
se comprometió a resolver mis dudas en los recreos.
Gracias a él conseguí a dominar esos temas e incluso
llegaron a gustarme, de manera que luego cuando he explicado esos temas en
clases particulares, he disfrutado con ello.


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