domingo, 13 de octubre de 2013


REFLEXIÓN DE LA LECTURA:

Cómo ser un buen profesor/ra sin riesgo de parecerlo



En primer lugar, considero que debo ser crítica con el texto, al llegar a la parte de la conclusión del autor me siento confusa. Al final no me queda claro cuál es el consejo que le da a su compañero: si ser él mismo y dar lo máximo cada día, aunque  en ocasiones sus alumnos muestren un exceso de complicidad con él y sus compañeros lo desaprueben, o ser distinto en apariencia a como es en realidad a los ojos de los demás. Claro está que su intención era exponer tres tipos de docentes: el entusiasta, el hipócrita y el mediocre; esté ultimo  es descartado totalmente tras el cuento, pero entre los otros dos no se por cual se decide al final, ni de qué grupo considera él formar parte.

En cuanto a mi reflexión, no estoy nada de acuerdo con el decálogo para el (des)educador, me parece un código para la hipocresía un tanto desafortunado, sobre todo cuando incita a usar los partes como herramientas para integrarse mejor en el grupo de profesores. Yo considero que se puede ser comedido sin tener que ser falso con uno mismo, ni tener que faltar a los principios de cada uno; no creo que haga falta "beber de la fuente" sólo fingir que "se ha bebido".

Evidentemente nunca he ejercido de profesora a ese nivel, pero éste tema de "Cómo ser un buen profesor" me recuerda bastante al de "Cómo ser un buen alumno", y de esto si tengo más recursos para hablar porque sigo estando en esta situación. En Primaria siempre fui una alumna sobresaliente, con buena relación con los profesores, que participaba de forma activa, salía a la pizarra voluntariamente y levantaba la mano ansiosa por pronunciar la respuesta acertada. Nada importaba que sobre mí empezaran a cernirse las miradas de envidia u odio, también había otros como yo que compartían mis intereses: ser buen alumno y aprender lo máximo.
Pues bien, con el tiempo, en Secundaria y con alguna mala experiencia que otra, me di cuenta de que actuando como lo hacía, sólo podría tener como amigos a aquellos que eran como yo, y así llegué a una conclusión: seguiría siendo yo misma, esforzándome siempre al mismo, pero me contendría un poco en público. Esperaría a que me preguntaran, me sacaran a la pizarra, no criticaría a los profesores pero tampoco me pondría de su parte...en conclusión, pasaría más desapercibida por el resto de mis compañeros sin cambiar de convicciones ni de personalidad, sería una versión más comedida de mí misma.
Hoy día creo que es la mejor opción, es una cuestión de socialización y convivencia, no aparentar de forma tan evidente que te entusiasma y disfrutas con aquello que a otros se les hace difícil o imposible.
Con esta historia personal lo que quiero decir, es que creo que la actitud normal de un profesor novel es esa, la de apasionado por su trabajo,  aquel que se  desvive por lo que hace porque le gusta, y al que no le importa nada más. Creo que la mayoría de los que tenemos vocación seremos así, pero que con el tiempo,  todos evolucionaremos hacia una faceta más madura en la que nos gustará encajar con ambos bandos: con alumnos sin caer en el error de ser sus amigos, pues siempre debe de mantenerse una diferencia de nivel basada en el respeto; con los profesores, siendo cordiales, apoyándolos y respetando sus opiniones, sin dejar de lado nuestros valores y convicciones.

Conclusión: "Nunca llueve a gusto de todos", así que lo que nos queda es actuar de aquella manera de la que luego nos sintamos orgullosos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario